Según un estudio realizado por Matt Rossenberg, si redujésemos la Tierra a una aldea de 100 habitantes, obtendríamos una serie de datos sobre su población más que escalofriantes, claro reflejo de la situación global del planeta y del egocentrismo occidental en la misma. Pero, de todos esos datos, hay uno especialmente que llama mi atención sobre los demás: de esos 100 habitantes, tan sólo uno, sí, como suena, sólo uno es universitario.
Un único universitario, una sola voz, una sola mente, un solo guía que resuelva los problemas o simplemente que se pare a buscarles solución. Como es lógico, al ser un alma solitaria, el resto de la aldea lo mirará de reojo, ignorará, por arriesgadas, sus ideas y no lo tendrá en cuenta a la hora de tomar decisiones. Y qué decir del gobernador de la aldea, que por supuesto mirará por la mayoría, es decir, por su ombligo, ignorará, por poco rentables para sus bolsillos, las ideas del joven universitario y no hablemos de tener en cuenta su opinión para tomar cualquier tipo de decisión.
Y el universitario, ¿cómo responderá?¿qué sentirá ante tal situación? Al principio, insistirá fervientemente, renegará del abandono, luchará como un guerrero intelectual, alzará la voz como el mejor de los oradores y hará todo lo posible por seguir intentando cambiar las cosas. Pero, poco a poco, sumiéndose en su más incomprendida soledad, sus fuerzas se irán debilitando. Por eso, como buen aldeano que es, nuestro amigo universitario finalizará antes de tiempo su misión y se abandonará a la ignorancia y a la pasividad. Él solo no ha podido.
Seamos sinceros con nosotros mismos, abramos los ojos y aceptemos la realidad. No, no vivimos en una aldea de 100 habitantes y no, no hay un único universitario, pero son ya pocos los universitarios que siguen luchando. La mayoría se dejó llevar por la ignorancia y la pasividad que les condiciona ahora a tener cómo única y ambiciosa meta el conseguir un puesto de trabajo sin muchas responsabilidades y bien pagado. Y esos pocos que siguen luchando empiezan a sentirse cada vez más solos, son cada vez más ignorados por la sociedad y, como el honrado gobernador de nuestra aldea, los gobiernos siguen sumándose al despotismo educativo, fomentando la reducción de la calidad de nuestra enseñanza para ensalzar la rentabilidad de la ignorancia y la pasividad del sector que en una época fue el motor del cambio, la juventud.
Pero nosotros, universitarios, no podemos seguir permitiendo esto. Llegó el momento de decir basta. La ignorancia no será nuestra respuesta, sino nuestro enemigo a batir. No, no somos ajenos a la sociedad y los gobiernos, los gobiernos serán dirigidos por nosotros en un futuro no muy lejano. No nos dejemos engañar.
Somos el presente, y de nosotros depende el futuro, de nosotros depende que nuestra aldea tenga mañana más de un universitario. Dejemos de lado de una vez por todas esta crisis de identidad.
No, no pasamos del tema, es nuestro tema.

