martes, 4 de septiembre de 2007

Where the streets have no name... Parte I

Ahora que estoy próximo a mudarme a Sevilla para comenzar mi etapa como universitario, me surge la tremenda necesidad de encontrar los motivos que nunca permitirán que mi mente se desate de mi pueblo, de mi hogar.

En ese lugar donde todos son queridos y odiados, donde todo y nada son uno, donde las miradas se pierden buscando una salida, en ese lugar donde las calles no tienen nombres...Jamás podré descubrir porqué, pero este singular pueblo, llamado Gibraleón, me tiene cautivado.

Ya desde niño, cuando vivía en Huelva, deseaba que llegase el viernes para esperar a que mi abuelo me recogiese en su R6 y me lleváse a mi pueblo. Una vez allí, poco tenía que hacer, pero mucho por vivir, mi familia, mis raíces, algo me decía que ese era mi auténtico hogar.

Los fines de semana en aquel campo, en la carretera de San Bartolomé, cuando pasaba todo el fin de semana con mis abuelos, tíos y primos: risas aseguradas, y alguna que otra pelea que nos montábamos por que uno ganaba y otro perdía jugando a lo que fuese ¿recuerdas Jesús? y es que fue allí donde comencé a cogerle cariño a cierto tipejo que resultaba ser mi primo y que disfrutaba chinchándome tanto como yo a él, hasta convertirnos en mejores amigos...

También fue en este campo donde viví los peores momentos hasta ahora de mi vida: la pérdida de mi abuelo y de mi tía, pero esos son otros derroteros por los que aun no me quiero meter, en este recién nacido blog.

Estos tristes momentos nos hicieron vender el campo, pero había algo en mí que mantenía mi mente anclada a este extraño enclave. Los días pasaban en mi casa, en Huelva, y mi mente sólo contaba los segundos que faltaban para que volviese a ser viernes y mis padres me llevásen a casa de mi abuela. Así, cada fin de semana, salía con mi primo y nos perdíamos en lo absurdo de la edad del pavo riéndonos a carcajadas de cosas que tan sólo nosotros entendíamos - si es que alguna vez las llegamos a entender-.

Hasta aquí encuentro numerosos elementos que podrían ser relevantes a la hora de responder a la cuestión de por qué quiero tanto a este pueblo. Pero tan sólo encuentro motivoa que me hacen estar atados a mis recuerdos, a mi familia, a mi único amigo por entonces. Pero no a este pueblo...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sin duda yo corroboro los argumentos y las razones que nos explica mi amigo alex para decir que le encanta su pueblo.Me agrada saber que cuando empiezes a contar a alguien tu vida menciones con intensidad y emocion tu pueblo, donde realmente estan tus mejores momentos.Afirmo todo de primera mano porque yo tambien vivo aqui y como tú Alex, tambien estoy a punto de dar un giro completo a mi vida... ¡sevilla nos espera!. Pero atrás, en estas calles sin nombres quedan gravadas nuestras aventuras y recuerdos y nuestras raices siempre quedaran fijadas en un mismo sitio, Gibraleón.